Hace unas semanas trasladé mis horas de sueño a la tarde. Duermo de 13 a 21; y el resto del día hago lo de siempre. Esperar a que la vida pase, y alternar con pequeñas dosis de estudio. Pero ahora con la notable ventaja de que no hay autos, no hay familia, no hay televisión, no hay teléfono, no hay perros, no hay sol.
Pero también hay otras ventajas. Experimenté algunas situaciones que nunca antes había vivido; y que solo conocía de libros, de sueños, y de los relatos de algunos hombres de mundo.


El amanecer.
El desayuno.
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